El entierro conciente es una antigua práctica legada de la India.


La muerte es el fenómeno más incomprendido. La humanidad ha pensado que la muerte es el fin de la vida. Éste es el primer malentendido, el original.

Cualquiera que sea tu actitud hacia la vida será tu actitud hacia la muerte, porque la muerte llega como el último florecimiento de la vida. La vida existe debido a la muerte. La vida existe a través de la muerte. Sin la muerte no habría vida en absoluto. La muerte no es el final sino la culminación, el crescendo. La muerte no es el enemigo, es el amigo. Hace que la vida sea posible.

En esta práctica, nos envolvemos en una sábana y nos metemos en un pozo, acostados, en la tierra, luego se tapa con tierra, queda sólo la cabeza afuera, tapados los ojos con antifaz o una venda. Alrededor nos quedamos cuidando, sahumando, en silencio. Duración mínima 1 hora, que pasa muy rápido. Generalmente nos piden más tiempo o tiempo libre.

El propósito de esta antigua práctica es tomar conciencia de la vida y la muerte, aparte de la profunda relajación, sanar con la Pachamama (Madre Tierra). Permitimos a la tierra que nos ayude a sanarnos, limpiar y armonizar el chakra raíz, fundamental, la supervivencia, el instinto y así permitir que la energía fluya.

Tomando conciencia de la muerte mejoramos nuestra vida, vamos sanando estas relaciones. A través de este acto tomamos el verdadero valor de nuestras relaciones.